Tuesday, September 11, 2007

Jinetes de Rita

Mientras los turistas ven la cara más amable de la ciudad, con sus puentes llenos de flores, fuentes, museos con nombre de principe y otras tantas ostentaciones que a algunos nos recuerdan la política empleado por las grandes oligarquías, en otro lado de la ciudad, los humanos nos convertimos en rebaño, cegados por el caballo, guiados por los agentes de la autoridad hacia un lugar que aunque parezca al azar, nada tiene. Forma parte de un plan bien estudiado, es el nuevo urbanismo, donde la especulación se impone sobre el bienestar.
Cegados por el mono, recluidos y olvidados, repudiados por los que se consideran gente de bien, son utilizados. Son parte esencial del engranaje de esta rueda que no deja de girar, que no nos deja pensar ni mirar con mirada crítica, los han convertido en una herramienta. Cuando el precio del suelo depende de sus obligados habitantes, entonces los vecinos huyen, pues el barrio ya no es lo que era... Y llegan los caritativos inversores, que por hacerte un favor te dan un poco más de lo que te costó en su época, y dales las gracias, porque despues de dos años quitas el cartel de "se vende".

Un año más tarde, o quizá sólo pasen meses, verás cambiar la zona, nuevos parques, altas torres donde sólo había huerta, y el rebaño relegado a otra porción de tierra para volver donde lo iniciamos. Preguntas por curiosidad, por un piso en la finca donde pasaste tu infancia, aquel que malvendiste, y para tu sorpresa o no, los precios son tan desorbitados que te preguntas si tu hijo podrá pagar la hipoteca que tu le dejarías en herencia si quisieras volver donde tan sólo unos años antes era una barriada vacía, con oscuras calles donde te esperaban los jinetes sin arneses que cada día cabalgan acompañando a esta maquinaria.

1 comment:

Anonymous said...

El otro día leí algo interesante. Era la historia de un niño que se fue a Londres para aprender inglés. El niño, desesperado, llama a su padre
- Papá, no aprendo inglés, y además el español se me está olvidando.

El padre le respondió lo siguiente.
- Pues hijo, es mejor que vuelvas a casa, porque sino te vas a quedar mudo.

Me sentí identificado con el niño. Me he dado cuenta de que llevo mucho tiempo mudo... y que aprovechó cualquier ocasión para gritar bien alto que soy un niño mudo.


Nin